¿Qué es el cáncer cáncer de hígado o hepatocarcinoma?
- El cáncer de hígado más frecuente es el carcinoma hepatocelular (CHC), que suele aparecer sobre un hígado dañado (cirrosis).
- Factores de riesgo principales: infección crónica por virus de la hepatitis B o C, consumo excesivo de alcohol, hígado graso asociado a obesidad y diabetes, cirrosis de cualquier causa, exposición a tóxicos como aflatoxinas.
- Síntomas más habituales: en fases iniciales no suele dar síntomas; cuando aparecen, incluyen dolor o sensación de hinchazón abdominal, cansancio, pérdida de peso y color amarillento de piel y ojos (ictericia).
- Prevención y detección precoz: vacunación frente a hepatitis B, tratamiento de hepatitis C, reducción del consumo de alcohol, hábitos de vida saludables y controles ecográficos periódicos en personas con cirrosis u otros factores de riesgo.
- Diagnóstico: se realiza con pruebas de imagen (ecografía, TAC o resonancia), análisis de sangre y, en algunos casos, biopsia. También se valora la función del hígado con escalas como Child-Pugh o MELD.
- Opciones de tratamiento: dependen del estadio del tumor y de la función hepática. Incluyen cirugía, trasplante, ablación, quimioembolización, radioterapia, terapias dirigidas e inmunoterapia.
- Tratamiento según estadio (BCLC):
- En fases iniciales, la ablación, cirugía y el trasplante son las opciones principales.
- En estadio intermedio, la TACE es el tratamiento más utilizado.
- En estadio avanzado, se utilizan la inmunoterapia, preferiblemente y las terapias dirigidas.
- En fases muy avanzadas, los cuidados de soporte y paliativos son fundamentales.
- Ensayos clínicos: permiten acceder a tratamientos en fase de investigación. Si un fármaco demuestra ser eficaz y seguro, pasa a ser aprobado por las agencias reguladoras y se incorpora al tratamiento estándar.
- Cuidados de apoyo: además de los tratamientos contra el tumor, son esenciales el apoyo nutricional, psicológico y social, así como los cuidados paliativos y de supervivencia según cada fase de la enfermedad.
- Efectos secundarios: varían según la técnica o medicamento, pero los más frecuentes son cansancio, pérdida de apetito, problemas digestivos, hipertensión, alteraciones cutáneas e infecciones. Es fundamental informar rápido al equipo médico para tratarlos precozmente.
1.- Introducción
1.1.- Anatomía del hígado
El hígado es un órgano grande situado en la parte superior derecha del abdomen, debajo del diafragma. El hígado desempeña diferentes funciones entre las que se incluyen:
1.- Producción de la bilis: necesaria para la digestión de los alimentos. La bilis es excretada hacia la vía biliar y se almacena en la vesícula biliar de donde se expulsa al duodeno cuando se ingieren alimentos. Gracias a la bilis es posible la absorción de las grasas contenidas en los alimentos.
2.-Metabolismo de carbohidratos: ayuda a procesar los carbohidratos para obtener energía.
3.- Detoxificación: Eliminación de sustancias nocivas, como el alcohol, medicamentos y otros productos.
4.- Síntesis de proteínas: Producción de albúmina y factores de coagulación.
5.- Almacenamiento de vitaminas y minerales: Reservas de vitaminas A, D, E, K y minerales como el hierro y el cobre.
¿ Qué es el cáncer de hígado y qué tipos existen?
El cáncer de hígado es una enfermedad en la que algunas células del hígado dejan de comportarse de manera normal y comienzan a crecer de forma descontrolada. Este crecimiento anómalo puede dar lugar a la formación de un tumor que, si crece, puede interferir con las funciones normales del hígado.
Es importante diferenciar el cáncer primario de hígado, que se origina directamente en este órgano, de las metástasis hepáticas, que son tumores procedentes de otros órganos (como colon, mama, pulmón…) que llegan al hígado. Estas metástasis requieren un tratamiento específico en función del tumor de origen y no se consideran cáncer primario de hígado.
Existen distintos tipos de cáncer primario de hígado:
- Carcinoma hepatocelular: es el tipo más frecuente, se desarrolla a partir de los hepatocitos (las principales células del hígado) y será el tipo de tumor a tratar en esta guía.
- Carcinoma fibrolamelar: una forma poco común de CHC que suele aparecer en mujeres jóvenes y, en general, se asocia a un pronóstico más favorable.
- Angiosarcoma y hemangiosarcoma: tumores muy poco frecuentes que se originan en las células que revisten los vasos sanguíneos del hígado.
- Hepatoblastoma: un cáncer raro que aparece casi exclusivamente en niños pequeños.
– Frecuencia
El cáncer de hígado es la sexta causa de cáncer en el mundo (incluye tanto tumores hepáticos como tumores de la vía biliar localizados en el hígado, llamados colangiocarcinomas). En el año 2022 se diagnosticaron aproximadamente 865.000 nuevos casos de cáncer de hígado en todo el mundo (1). En España, se estimaron en ese mismo año alrededor de 6.600 nuevos diagnósticos (1). El diagnóstico es más frecuente en hombres que en mujeres.
La incidencia más alta se registra en Asia, debido a la distinta distribución geográfica del virus de la hepatitis B (VHB) y de la hepatitis C (VHC).
La evolución de la frecuencia no es igual en todas las regiones. En países en desarrollo, donde históricamente la enfermedad ha sido más común por la alta prevalencia de hepatitis B y C y la exposición a aflatoxinas, la incidencia está disminuyendo gracias a las campañas de vacunación frente al virus de la hepatitis B, los tratamientos antivirales frente al virus C y la reducción de la exposición a toxinas.
En cambio, en países desarrollados como España, aunque el impacto de las hepatitis víricas es cada vez menor, se observa un aumento progresivo de casos relacionado con la enfermedad hepática asociada al síndrome metabólico (hígado graso, obesidad, diabetes tipo 2…) y con otras comorbilidades frecuentes como la hipertensión arterial y principalmente con el consumo de alcohol.
Mapa mundial de prevalencia estimada de cáncer de hígado e intrahepático de vías biliares (casos prevalentes a 1 año, por 100.000 habitantes, ambos sexos, año 2022). Fuente: GLOBOCAN 2022 (IARC/OMS).
Factores de Riesgo
Un factor de riesgo es cualquier característica, enfermedad o hábito que aumenta la probabilidad de desarrollar un cáncer. Tener uno o varios factores de riesgo no significa necesariamente que una persona vaya a desarrollar un cáncer de hígado. Por otra parte, no tener factores de riesgo no garantiza estar libre de la enfermedad.
Los principales factores de riesgo conocidos para el cáncer de hígado son:
- Infección crónica por VHB o VHC: durante muchos años han sido la causa principal de hepatocarcinoma en el mundo. El VHB sigue siendo muy importante en Asia y África, mientras que el VHC lo ha sido en Europa y Estados Unidos. En España, gracias a la vacunación frente al VHB y al tratamiento eficaz de la hepatitis C, su impacto como causa está disminuyendo de forma notable.
- Consumo de alcohol: el consumo excesivo y prolongado de alcohol puede causar cirrosis, que es el principal terreno sobre el que aparece el cáncer de hígado. En España, el alcohol es hoy la primera causa de hepatocarcinoma (alrededor del 30% de los casos de manera aislada y hasta en la mitad de los casos si se combina con otros factores) (1).
- Enfermedad del hígado asociada al síndrome metabólico (esteatosis o hígado graso, obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión…): es un factor en rápido crecimiento en los países desarrollados. En España ya está presente en casi una cuarta parte de los casos de hepatocarcinoma, y su importancia sigue aumentando.
- Otras causas de cirrosis hepática: independientemente de la causa la cicatrización avanzada del hígado es la alteración más frecuente para que se desarrolle un hepatocarcinoma.
- Otros factores menos comunes:
- Exposición a aflatoxinas (toxinas presentes en algunos alimentos mal conservados, más frecuente en África y Asia).
- Enfermedades hereditarias raras como la hemocromatosis.
- Tabaquismo, que potencia el riesgo asociado a otros factores.
En España, hace unos años, la mayoría de los casos estaban relacionados con la hepatitis C. Hoy, la principal causa es el alcohol, seguida muy de cerca por la enfermedad hepática metabólica. También se observa un cambio en el perfil de los pacientes: cada vez es más frecuente el diagnóstico de hepatocarcinoma en personas sin cirrosis. Esto ocurre sobre todo en el contexto de la enfermedad hepática asociada al síndrome metabólico, que está ganando en los últimos años más protagonismo como causa del cáncer de hígado.
Síntomas
En las fases iniciales, el cáncer de hígado no suele producir síntomas. Por eso muchas veces se detecta en controles de personas con enfermedades hepáticas conocidas (como la cirrosis).
Cuando aparecen, los síntomas más frecuentes son:
- Dolor o molestia en la parte superior derecha del abdomen.
- Sensación de bulto o hinchazón abdominal.
- Pérdida de apetito o pérdida de peso sin causa aparente (anorexia).
- Cansancio intenso.
- Color amarillento de la piel y los ojos (ictericia).
- Acumulación de líquido en el abdomen (ascitis).
- Náuseas o vómitos.
Presentar estos síntomas no significa necesariamente que exista un cáncer de hígado. Muchas otras enfermedades del hígado o del aparato digestivo pueden producirlos. Sin embargo, si aparecen, es importante consultar a un médico para realizar las pruebas necesarias.
Prevención y detección precoz
1.6. Prevención y detección precoz
La mejor manera de reducir el riesgo de cáncer de hígado es prevenir o tratar las enfermedades que lo favorecen:
- Vacunación contra la hepatitis B: es muy eficaz y está incluida en el calendario de vacunación infantil.
- Tratamiento de la hepatitis C: hoy en día existen medicamentos que curan la infección en la mayoría de los casos.
- Consumo responsable de alcohol: evitar el consumo ayuda a proteger el hígado.
- Estilo de vida saludable: mantener un peso adecuado, hacer ejercicio y controlar enfermedades como la diabetes o la hipertensión reduce el riesgo de hígado graso.
- Evitar la exposición a tóxicos: como aflatoxinas (en alimentos mal conservados) o ciertos productos químicos.
En personas que ya tienen cirrosis conocida u otros factores de alto riesgo, los médicos recomiendan un programa de seguimiento, que consiste en realizar una ecografía hepática cada 6 meses, a veces acompañada de análisis de sangre. Esto permite detectar los tumores en fases tempranas.
Diagnóstico del hepatocarcinoma y evaluación de la función hepática
Para diagnosticar el cáncer de hígado se combinan varias pruebas que permiten no solo confirmar la presencia del tumor y su extensión, sino también conocer el estado general del funcionamiento del hígado.
Las principales pruebas utilizadas son:
- Exploración física: el médico puede buscar signos de enfermedad hepática, como color amarillento de la piel y los ojos (ictericia), aumento de tamaño del hígado o líquido en el abdomen.
- Análisis de sangre: sirven para evaluar el funcionamiento del hígado (enzimas hepáticas, bilirrubina, coagulación, albúmina) y detectar marcadores tumorales como la alfafetoproteína (AFP), que puede estar elevada en algunos casos.
- Pruebas de imagen:
- Ecografía abdominal: es la técnica inicial más usada en personas con riesgo, ya que permite detectar lesiones sospechosas en el hígado.
- Tomografía computarizada (TC) y resonancia magnética (RMN): permiten confirmar el diagnóstico. En la mayoría de los casos, las características que muestran estas pruebas son suficientes para diagnosticar un CHC sin necesidad de biopsia.
- Biopsia hepática: se realiza en situaciones específicas, cuando las pruebas de imagen no son concluyentes o en caso de que aparezcan lesiones sospechosas sobre un hígado sano (sin cirrosis). Consiste en extraer una muestra de tejido del hígado para analizarla al Aunque la biopsia no siempre es imprescindible, especialmente en pacientes cirróticos, sí es recomendable su realización siempre que sea posible.
- Gastroscopia: en algunos pacientes con cirrosis puede ser necesario realizar una endoscopia digestiva alta para comprobar si existen varices esofágicas, una complicación de la cirrosis que puede modificar el tratamiento a elegir.
Evaluación de la función del hígado
Además de identificar el tumor, es fundamental valorar cómo funciona el hígado, ya que esto influye directamente en las opciones de tratamiento.
- Se utilizan escalas que combinan resultados de análisis y hallazgos clínicos para clasificar el estado del hígado.
- Las más empleadas son:
- Child-Pugh, que clasifica la gravedad de la cirrosis en grados A, B o C.
- MELD, que ofrece una puntuación basada en parámetros analíticos y se utiliza, entre otras cosas, para priorizar el acceso al trasplante hepático.
- ALBI, una escala más reciente que se basa únicamente en los valores de albúmina y bilirrubina, y que permite una evaluación objetiva de la función hepática.
Tratamiento
El tratamiento del cáncer de hígado no es igual para todos los pacientes. La elección de la mejor opción depende de dos aspectos clave:
- El estadio del tumor (es decir, su tamaño, extensión y si se ha diseminado).
- La función del hígado (si está sano o afectado por cirrosis u otras enfermedades).
- La situación funcional del paciente o ECOG (es una escala que refleja como se encuentran los pacientes y define su capacidad para realizar las actividades habituales diarias).
Las decisiones sobre el tratamiento se deben tomar siempre en el marco de un comité multidisciplinar formado por distintos especialistas (oncólogos, hepatólogos, cirujanos, radiólogos, patólogos…) que aportan sus conocimientos y habilidades específicas. Este equipo valora de manera conjunta cada caso y recomienda las opciones más adecuadas.
En muchas situaciones existen varias alternativas posibles. En esos casos es fundamental la toma de decisiones compartida, es decir, que el paciente pueda hablar con su médico, entender los beneficios y riesgos de cada opción, y expresar cuáles son sus prioridades y expectativas.
Además, siempre que sea posible, se recomienda que el tratamiento del cáncer de hígado se realice en un centro con experiencia y especializado, ya que esto aumenta la probabilidad de recibir la atención más adecuada y de acceder a tratamientos avanzados, como ensayos clínicos o trasplante hepático.
En líneas generales los tratamientos pueden dividirse en:
–Tratamientos locales: actúan sobre una zona concreta del cuerpo; por ejemplo, cirugía, radioterapia, ablación…
–Tratamientos sistémicos: actúan sobre todo el cuerpo. En el CHC, los tratamientos más usados son la inmunoterapia y los tratamientos dirigidos.
Comité multidisciplinar con los principales integrantes de este: hepatólogo, oncólogo médico, cirujano hepático, radiólogo, radiólogo intervencionista, oncología radioterápica y anatomopatólogo; entre otros.
La cirugía es uno de los tratamientos principales del cáncer de hígado cuyo objetivo es inicialmente la curación. Existen dos tipos de cirugías hepáticas:
a) Resección hepática
La resección hepática consiste en extirpar la parte del hígado donde se encuentra el tumor. Es el tratamiento de elección en personas con tumores que se pueden extirpar de forma completa por lo que, generalmente se plantea en estadios precoces. El objetivo es quitar el tumor asegurando un perímetro sano, sin células tumorales (márgenes tumorales libres).
Sin embargo, solo puede realizarse si queda suficiente hígado sano después de la operación, ya que este órgano debe seguir funcionando correctamente. En pacientes con cirrosis es fundamental una evaluación cuidadosa, especialmente para comprobar si existe hipertensión portal (elevada presión de la vena porta, que es la encargada de suministrar sangre del estómago, intestino, bazo y páncreas al hígado), que indica mayor riesgo de complicaciones.
La resección hepática puede realizarse de dos formas:
–Cirugía laparoscópica: se hace con pequeñas incisiones y permite una recuperación más rápida y menos dolorosa.
–Cirugía abierta: requiere una incisión mayor. Se utiliza cuando el tumor está en zonas de difícil acceso o cuando es necesario realizar resecciones amplias.
En pacientes seleccionados, la resección es una cirugía segura, con una mortalidad baja y con buenos resultados en supervivencia. Sin embargo, dado que existe riesgo de que el tumor reaparezca, es necesario un seguimiento estrecho después de la operación.
Hoy en día, no existe ningún tratamiento que administrado después de la cirugía (terapia adyuvante) haya demostrado mejorar la supervivencia de los pacientes, por lo que el seguimiento periódico sigue siendo una herramienta fundamental.
Las complicaciones más habituales de la cirugía son infecciones, acumulación de líquido en el abdomen o un empeoramiento temporal de la función hepática. A largo plazo puede aparecer dolor en la cicatriz o hernias en la zona de la incisión.
b) Trasplante hepático
El trasplante hepático consiste en sustituir el hígado enfermo por un hígado sano de un donante y tiene una intención curativa. Está indicado en personas con cáncer de hígado en estadios precoces y enfermedad hepática avanzada. Para acceder al trasplante es necesario cumplir unos criterios de selección establecidos; sin embargo, dado que también hay que tener en cuenta otros factores como las enfermedades acompañantes, la decisión de plantear un trasplante hepático se debe tomar siempre en el comité multidisciplinar. El trasplante tiene la ventaja de tratar simultáneamente el cáncer y la enfermedad hepática de base; sin embargo, no es una técnica exenta de riesgos. En la espera de que aparezca un órgano en la lista de trasplante, a menudo es necesario aplicar tratamientos para evitar que el tumor crezca (tratamiento puente). Tras el trasplante, es necesario tomar medicación inmunosupresora de por vida para evitar que el cuerpo rechace el nuevo órgano, lo que requiere un seguimiento médico continuo para vigilar posibles efectos secundarios y complicaciones a largo plazo.
Ablación del tumor
La ablación es un tratamiento que busca destruir el tumor aplicando temperaturas extremas o sustancias químicas directamente sobre él. Existen diferentes técnicas, como la ablación por microondas, la radiofrecuencia, la crioablación (frío intenso), la inyección de etanol…
Este procedimiento está indicado en pacientes con CHC pequeño (estadio precoz) en quienes no es posible realizar cirugía ni trasplante o en tumores muy pequeños (estadio muy precoz). Actualmente, la técnica más utilizada es la ablación por microondas, aunque en ocasiones la elección depende de la experiencia del centro.
La ablación por microondas se lleva a cabo con ayuda de la ecografía, que permite guiar una aguja hasta el interior del tumor. A través de esta antena se genera una radiación electromagnética que provoca la destrucción de las células tumorales. Se trata de un procedimiento seguro, que habitualmente requiere solo un ingreso corto (un día), y que ofrece muy buenos resultados en tumores pequeños y bien seleccionados.
No obstante, la posibilidad de realizar una ablación depende sobre todo de la localización del tumor dentro del hígado. En ocasiones, por la cercanía a vasos sanguíneos o estructuras sensibles, el tratamiento puede no ser factible o resultar arriesgado, y en esos casos deben considerarse otras alternativas.
La TACE es un tratamiento que combina la administración de quimioterapia directamente en el tumor con la obstrucción del flujo sanguíneo que lo alimenta, normalmente se administra doxorrubicina o cisplatino. De esta forma, se consigue una alta concentración del fármaco en el hígado y, al mismo tiempo, se priva al tumor de oxígeno y nutrientes.
Este procedimiento se utiliza principalmente en pacientes con CHC en estadios intermedios, o en fases más precoces cuando existen contraindicaciones para cirugía o ablación. También puede emplearse como terapia puente para mantener la enfermedad controlada en pacientes en lista de espera de trasplante, o como estrategia de reducción del tamaño tumoral para poder aplicar otros tratamientos en el futuro.
La TACE se realiza mediante ingreso en el hospital. Bajo anestesia local y control radiológico, se introduce un catéter en la ingle que se avanza hasta la arteria hepática, encargada de llevar sangre al hígado. Una vez allí, tras conocer a través de un colorante de que vasos se alimenta el tumor, se inyecta el medicamento de quimioterapia junto con pequeñas partículas que bloquean el flujo sanguíneo hacia el tumor. Este procedimiento concentra el efecto en el tumor y limita la exposición del resto del cuerpo al fármaco.
Para aplicar este tratamiento, es fundamental que el hígado mantenga una función adecuada y que se puedan localizar los vasos sanguíneos que alimentan el tumor. En pacientes con enfermedad hepática avanzada, la TACE puede ser peligrosa, ya que al bloquear parte del flujo sanguíneo el hígado puede dejar de funcionar correctamente. Por ejemplo, unos niveles altos de bilirrubina en sangre suelen ser una contraindicación, ya que reflejan un mal estado del hígado y un mayor riesgo de complicaciones.
Tras la TACE, es posible que aparezcan síntomas temporales conocidos como síndrome post-embolización, que incluyen dolor abdominal, fiebre, cansancio, náuseas o malestar general durante unos días. En raras ocasiones pueden presentarse complicaciones más graves, como una disminución marcada de la función hepática o infecciones.
A pesar de todo lo anterior, el tratamiento logra buenos resultados a la hora de controlar el tumor, aunque el riesgo de que las lesiones vuelvan a crecer con el tiempo es relativamente alto. Por este motivo, es necesario un seguimiento estrecho mediante pruebas de imagen periódicas y, en muchos casos, será preciso repetir la técnica a lo largo de la evolución de la enfermedad.
Representación de la forma de administración de tratamiento mediante TACE.
Radioterapia
La radioterapia es un tratamiento que utiliza radiación para dañar y destruir las células tumorales. En el cáncer de hígado existen varias formas de aplicar radioterapia, cada una con características y usos específicos.
-Radioembolización transarterial (TARE)
La TARE consiste en introducir pequeñas microesferas cargadas con una sustancia radiactiva (Itrio-90) a través de un catéter colocado en la arteria hepática. Estas partículas llegan directamente al tumor, liberando radiación de forma localizada y dañando las células cancerosas, mientras se preserva la mayor parte del tejido hepático sano. Generalmente es un procedimiento bien tolerado, aunque potencialmente presenta riesgos similares al TACE, y que se realiza en el hospital con pocos días de ingreso.
-Radioterapia corporal estereotáctica (SBRT)
Tratamiento farmacológico
Además de la cirugía, la ablación, la TACE o la radioterapia, existen tratamientos con fármacos que actúan en todo el cuerpo y se utilizan cuando la enfermedad no puede abordarse con técnicas locales o como tratamiento complementario. Estos medicamentos actúan de distintas formas para frenar el crecimiento del tumor.
a) Inmunoterapia: sola o en combinación
La inmunoterapia es un tipo de tratamiento que estimula las defensas naturales del cuerpo (el sistema inmunitario) para que reconozcan y ataquen las células cancerosas.
En el CHC existen varias combinaciones aprobadas:
- Atezolizumab + Bevacizumab: combina inmunoterapia (atezolizumab) con un fármaco dirigido contra los vasos sanguíneos del tumor (bevacizumab). Requiere un control porque puede producir efectos secundarios relacionados con la presión arterial o el riesgo de sangrado.
- Durvalumab + Tremelimumab: combinación de dos inmunoterapias que actúan en puntos diferentes del sistema inmune.
- Nivolumab + Ipilimumab: también combina dos inmunoterapias con mecanismos complementarios.
Es importante saber que estos esquemas no se han comparado directamente entre sí, por lo que no existe uno “mejor” que otro de forma universal. La elección depende de:
- Los posibles efectos secundarios de cada esquema.
- Las enfermedades previas del paciente.
- Los objetivos del tratamiento.
La decisión será tomada por su oncólogo u equipo de oncólogos, pero siempre con su participación activa. Siéntase libre de preguntar y compartir sus prioridades con su oncólogo, ya que la elección del tratamiento debe adaptarse a cada persona.
b) Tratamientos dirigidos
Los tratamientos dirigidos son medicamentos que bloquean vías que usan las células tumorales para crecer y multiplicarse.
- Sorafenib y Lenvatinib son los tratamientos dirigidos más utilizados. Han demostrado mejorar la supervivencia en pacientes con CHC avanzado.
Tratamiento según estadio tumoral
1. Estadio temprano: BCLC 0 y A
En los estadios tempranos del CHC existen diferentes opciones. La elección entre ellas dependerá de las características del tumor, de la función del hígado y del estado general del paciente.
La cirugía de resección hepática es el tratamiento de elección en pacientes con tumores que se pueden resecar de forma completa y con un hígado que funciona adecuadamente. En la mayoría de los casos se realiza mediante técnicas mínimamente invasivas (laparoscopia), lo que favorece una recuperación más rápida.
El trasplante de hígado es otra opción que además de eliminar el tumor, cura la enfermedad hepática subyacente. Se considera en pacientes que cumplen los criterios de Milán (un único tumor de hasta 5 cm, o hasta tres tumores de un máximo de 3 cm cada uno, sin invasión de vasos sanguíneos ni extensión fuera del hígado). En algunas situaciones se pueden usar criterios algo más amplios, siempre valorados en comités especializados. Cuando el tiempo de espera para el trasplante supera los 3 meses, se pueden ofrecer tratamientos puente para evitar que el tumor crezca mientras llega el órgano.
En el caso de tumores muy precoces (estadio 0 BCLC) la ablación térmica (microondas o radiofrecuencia) podría ser una alternativa a la cirugía ya que ofrece buenos resultados, pero con un procedimiento menos invasivo y con una recuperación más rápida. También sería una opción en pacientes en los que no se puede plantear cirugía ni trasplante.
En pacientes que no pueden someterse ni a cirugía ni a ablación, se pueden considerar otras técnicas como SBRT.
Adaptación de la guía de la Sociedad Europea de oncología médica (versión febrero 2025) para el tratamiento de hepatocarcinoma en fase precoz.
2. Hepatocarcinoma estadio intermedio: BCLC B
En el hepatocarcinoma en estadio intermedio, el tratamiento más utilizado es la TACE, siempre que el tumor sea accesible al procedimiento. Si tras dos sesiones de tratamiento no se consigue una destrucción suficiente del tumor, se recomienda suspender la técnica y valorar otras opciones.
En determinados pacientes, cuando la TACE no es posible o no resulta eficaz, existen tratamientos alternativos como la TARE.
Existen ensayos, pendientes aún de publicar sus resultados definitivos, que han estudiado si la asociación de los tratamientos farmacológicos (durvalumab con bevacizumab y pembrolizumab con lenvatinib) a la TACE mejora los resultados obtenidos hasta el momento con estas alternativas loco-regionales.
En algunas ocasiones no es posible administrar los tratamientos loco-regionales mencionados previamente, o con dichos tratamientos la probabilidad de controlar la enfermedad es baja. En esas situaciones podría plantearse un tratamiento farmacológico sistémico de entrada (se explicará en el apartado de enfermedad avanzada).
La elección de la mejor estrategia depende de muchos factores: el estado del hígado, la extensión del tumor, la función hepática, la presencia de hipertensión portal y las enfermedades asociadas. Por este motivo, la decisión debe tomarse siempre en un comité multidisciplinar.
Adaptación de la guía de la Sociedad Europea de oncología médica (versión febrero 2025) para el tratamiento de hepatocarcinoma en fase intermedia.
- Hepatocarcinoma en estadios avanzados: BCLC C o D
A los pacientes con CHC avanzado que mantienen una buena función hepática y un estado general adecuado (BCLC C) se les suele ofrecer un tratamiento farmacológico.
La opción preferida actualmente son las combinaciones de inmunoterapia:
- Atezolizumab + bevacizumab: combinación de inmunoterapia (atezolizumab) con un fármaco que modifica los vasos sanguíneos tumorales (bevacizumab).
- Durvalumab + tremelimumab (esquema STRIDE): combinación de una doble inmunoterapia.
- Nivolumab + ipilimumab: combinación de una doble inmunoterapia.
Todos han demostrado mejorar la supervivencia, aunque no existen estudios que comparen directamente unos con otros. La elección entre ellos depende de los efectos secundarios, las enfermedades asociadas y los objetivos del tratamiento. Por ello, la decisión debe ser compartida entre usted y su oncólogo, y es importante que plantee todas las dudas que tenga.
No todos los pacientes pueden recibir inmunoterapia. Por ejemplo, en quienes tienen un trasplante hepático previo, la inmunoterapia está contraindicada. En este caso se utilizan los tratamientos dirigidos, como lenvatinib o sorafenib.
Los estudios disponibles en pacientes cuyo tumor ha crecido tras un primer tratamiento se han realizado en pacientes que recibieron previamente sorafenib ya que las combinaciones de inmunoterapia son más recientes y aún no ha habido tiempo suficiente para generar ensayos en esta situación. Por este motivo, si su tumor ha crecido tras recibir un tratamiento con inmunoterapia, puede que su oncólogo le plantee participar en un ensayo clínico, si está disponible. Si no lo está, las guías plantean la posibilidad de administrar tratamientos dirigidos (sorafenib o lenvatinib).
Cuando la función del hígado o el estado general de la persona están demasiado debilitados (BCLC D), por lo general, los tratamientos contra el tumor no resultan ni adecuados ni beneficiosos.
En esta situación, lo más importante son los cuidados de soporte o paliativos, que incluyen:
- Control del dolor
- Manejo de los síntomas digestivos
- Apoyo nutricional
- Apoyo psicológico y social para el paciente y su familia
El objetivo en este estadio es mantener la mejor calidad de vida posible.
Adaptación de la guía de la Sociedad Europea de oncología médica (versión febrero 2025) para el tratamiento de hepatocarcinoma en fase avanzada.
- Ensayos clínicos
Su médico puede preguntarle si desea participar en un ensayo clínico. Un ensayo clínico es un estudio de investigación en el que participan pacientes con el objetivo de probar nuevos tratamientos o evaluar nuevas combinaciones de medicamentos ya conocidos o distintas formas de administrarlos para hacerlos más eficaces o reducir los efectos secundarios.
Participar en un ensayo clínico puede aportar beneficios, tanto a nivel personal como para la investigación. Durante el estudio, los pacientes se someten a controles y pruebas frecuentes para vigilar la seguridad y los resultados. Cuando un fármaco o una combinación de tratamientos demuestra de forma clara que es eficaz y segura, las agencias reguladoras (como la Agencia Europea del Medicamento, EMA o la Agencia Americana del Medicamento, FDA) pueden aprobarlo. Una vez aprobado, pasa a incorporarse como parte del tratamiento estándar disponible para todos los pacientes.
Es importante saber que, aunque los tratamientos en investigación pueden aportar ventajas, también pueden no resultar mejores que los ya aprobados o causar efectos secundarios no esperados.
Los ensayos clínicos se realizan por fases:
- Fase I: es la primera vez que se administra el tratamiento a personas. El objetivo principal es comprobar su seguridad, qué dosis son seguras y cuáles son los posibles efectos secundarios.
- Fase II: se estudia en más pacientes para evaluar si el tratamiento demuestra actividad contra el cáncer, además de seguir valorando la seguridad.
- Fase III: compara el nuevo tratamiento con el tratamiento estándar en un número mucho mayor de pacientes. Si se demuestra que es mejor o igual, puede llevar a la aprobación regulatoria.
- Fase IV: una vez el fármaco está aprobado y en uso, se siguen recogiendo datos para comprobar su seguridad y eficacia a largo plazo en la práctica real.
¿Por qué puede interesarme participar?
- Puede dar acceso a nuevos tratamientos aún no disponibles de forma general.
- Permite un seguimiento médico muy estrecho.
- Ayuda a avanzar en el conocimiento y mejorar las opciones de tratamiento para futuros pacientes.
Todo paciente tiene derecho a aceptar o rechazar su participación en un ensayo clínico. Esto no afectará a la calidad de la atención que reciba.
Si le interesa, puede preguntarle a su oncólogo si existen ensayos abiertos para su tipo de cáncer en su hospital o en otros centros cercanos. No obstante, existen registros públicos donde se pueden consultar los ensayos disponibles:
- Registro europeo de ensayos clínicos: www.clinicaltrialsregister.eu
Intervenciones complementarias
Además de los tratamientos específicos contra el cáncer, existen una serie de intervenciones que ayudan a mejorar la calidad de vida de los pacientes con CHC. Estas medidas pueden aplicarse en diferentes momentos de la enfermedad.
1. Cuidados de apoyo
Se centran en el manejo de los síntomas del cáncer y de los efectos secundarios de los tratamientos.
En ocasiones en las que hay pérdida de peso y malnutrición, un nutricionista puede aconsejarle sobre la alimentación y los suplementos nutricionales más adecuados. También pueden indicarse otros tratamientos de soporte para controlar síntomas como el dolor, las náuseas, el cansancio o la retención de líquidos.
Otras veces, puede ser necesario el apoyo de unidades de psicología para un soporte psicológico tanto del paciente como de la familia.
Para el manejo de efectos secundarios y de la enfermedad hepática subyacente, la colaboración con otros especialistas puede ser importante.
2. Cuidados paliativos
Los cuidados paliativos no solo se aplican al final de la vida, sino que pueden iniciarse en fases avanzadas de la enfermedad para mejorar el bienestar del paciente. Incluyen el tratamiento de síntomas como el dolor, la ascitis (retención de líquidos), las náuseas, el estreñimiento o los problemas nutricionales.
Además de lo anterior, ofrecen apoyo en la toma de decisiones difíciles y en la adaptación emocional al pronóstico. El objetivo es aliviar los síntomas y mantener la mejor calidad de vida posible.
3. Cuidados de “largos supervivientes”
Los pacientes que sobreviven al cáncer pueden presentar efectos secundarios a largo plazo. En estos casos, es importante el apoyo a la rehabilitación física, emocional y social.
Los cuidados en “largos supervivientes” incluyen:
- Apoyo psicológico para manejar la ansiedad o el miedo a la recaída.
- Orientación sobre los efectos a largo plazo de los tratamientos.
- Ayuda para retomar la vida personal, laboral y social.
El soporte social y familiar resulta fundamental para hacer frente a las consecuencias emocionales y prácticas del cáncer.
4. Cuidados al final de la vida
En los pacientes con enfermedad incurable y en estadio muy avanzado, los cuidados se enfocan en proporcionar confort y alivio de los síntomas, tanto físicos como emocionales.
Esto puede incluir medidas como la sedación paliativa en casos de dolor difícil de controlar, disnea (dificultad para respirar) o agitación intensa.
En esta etapa, el apoyo a la familia es igualmente esencial. Las decisiones se toman junto con el paciente siempre que sea posible, respetando sus valores y preferencias.
Efectos secundarios potenciales de los distintos tratamientos
Los tratamientos administrados frente al cáncer de hígado pueden producir efectos secundarios. Estos varían según la técnica o el fármaco utilizado, y no todos los pacientes los experimentan de la misma manera. A continuación, se explicarán los principales efectos asociados a cada tratamiento, junto con información sobre cómo pueden manejarse. Para clasificar la intensidad de los efectos secundarios, los médicos utilizan una escala de grados del 1 al 5. El objetivo es detectar y tratar los efectos secundarios lo antes posible, de modo que es fundamental comunicar a su médico cualquier síntoma preocupante.
Existen algunos efectos que son muy frecuentes y comunes a la mayoría de los tratamientos, tanto por el propio cáncer como por las terapias:
- Cansancio (fatiga o astenia): puede limitar la vida diaria. Para reducirlo se recomienda mantener una buena higiene del sueño, seguir una alimentación equilibrada y mantenerse lo más activo posible según las fuerzas de cada paciente.
- Pérdida de apetito y de peso (anorexia): puede conllevar pérdida de grasa y masa muscular, lo que favorece la debilidad y la reducción de la movilidad. En estos casos, puede ser útil la valoración por un nutricionista, que le aconsejará sobre dieta, suplementos y hábitos para mantener un buen estado nutricional.
1. Cirugía
La cirugía de resección del CHC es una operación importante y, como ocurre con cualquier intervención grande, pueden aparecer complicaciones. No todas las personas las sufren, pero es importante conocerlas.
Algunas complicaciones son comunes a cualquier cirugía: dolor los primeros días tras la cirugía, problemas del corazón o de los pulmones, infecciones en la herida u otros órganos, o dificultades para que el intestino vuelva a funcionar con normalidad.
Otras complicaciones están más relacionadas con el hígado. A veces puede salir bilis por la cicatriz de la operación. Normalmente se soluciona sin necesidad de ninguna intervención, pero en ocasiones puede requerir una nueva cirugía. Puede haber sangrado, que en ocasiones requiera una transfusión de sangre u otras medidas. En ocasiones el hígado no funciona de forma adecuada, sobre todo en los primeros días tras la cirugía. En personas con cirrosis, la cirugía puede hacer que el hígado se descompense y aparezcan problemas como acumulación de líquido en el abdomen, sangrado de varices o problemas en el riñón, que requerirá de unos tratamientos específicos.
Aunque estas situaciones pueden asustar, la mayoría se controlan con el tratamiento adecuado. Por eso, después de la cirugía se realiza una vigilancia muy estrecha, especialmente durante los primeros días, para detectar cualquier problema a tiempo y tratarlo lo antes posible. No obstante, aunque contará con la guía de su equipo médico durante la recuperación, suele recomendarse comenzar a moverse lo antes posible tras la cirugía, ya que esto ayuda a acelerar el proceso de recuperación.
El trasplante de hígado es una cirugía mayor que, aunque puede ser curativa en el CHC, no está exenta de complicaciones. Estas pueden aparecer en los primeros días tras la cirugía o desarrollarse más adelante.
En el periodo inmediato, es relativamente frecuente que se produzcan sangrados mientras el nuevo hígado comienza a funcionar, lo que en ocasiones requiere transfusiones. También puede aparecer una disfunción transitoria de los riñones, que en algunos casos obliga a utilizar diálisis durante unas semanas. Otra complicación temprana posible es la salida de bilis desde el hígado nuevo, que puede necesitar procedimientos adicionales para resolverse.
Existen también complicaciones de los vasos sanguíneos (como trombosis o estrechamientos de la arteria hepática, la vena porta o la vena cava inferior) y complicaciones biliares (estrechamientos, infecciones o fugas), que constituyen problemas relevantes en este tipo de cirugía.
Un aspecto central tras el trasplante es la necesidad de medicación inmunosupresora para evitar el rechazo del órgano. Sin embargo, estos fármacos pueden producir efectos secundarios como hipertensión, diabetes, aumento del colesterol, daño renal u óseo, así como una mayor susceptibilidad a infecciones graves, especialmente en los primeros meses. Para reducir este riesgo, se recomienda extremar las medidas de higiene y evitar ciertos alimentos de mayor riesgo microbiológico (como lácteos no pasteurizados, huevos crudos o quesos curados con moho).
2. Ablación térmica (radiofrecuencia o microondas)
Tras este procedimiento es habitual sentir molestias o dolor leve en la zona tratada, que suele controlarse con analgésicos. Algunas personas presentan síntomas similares a los de la gripe durante unos días. De forma excepcional, puede producirse una lesión en el hígado, vía biliar o en órganos cercanos, pero esto es poco frecuente. Tras el procedimiento, normalmente se piden unas horas de descanso en cama y requiere una noche de ingreso. Normalmente, a las 24 horas se procede al alta.
3. TACE
Después de la intervención pueden aparecer dolor abdominal, fiebre, náuseas o vómitos durante algunos días, así como cansancio que puede durar más tiempo. Menos habitualmente pueden producirse complicaciones relacionadas con el contraste utilizado (reacciones alérgicas, fuga fuera del vaso sanguíneo) o efectos secundarios derivados de que parte de la quimioterapia llegue a la sangre, como caída del cabello, cansancio o mayor riesgo de infecciones; no obstante, estos efectos secundarios son temporales.
4. Radioterapia (SBRT, SIRT/TARE)
- La SBRT pueden causar cansancio, náuseas, vómitos o diarrea leves, además de enrojecimiento de la piel en la zona tratada en el caso de la radioterapia externa.
- La radioembolización (TARE) suele provocar síntomas leves como fiebre, escalofríos o dolor abdominal. Muy rara vez, algunas microesferas pueden llegar al estómago o intestino y producir úlceras o sangrado, lo que puede prevenirse con medicación protectora.
En general, la mayoría de estos efectos secundarios son temporales y manejables, pero siempre es recomendable avisar al equipo médico ante cualquier síntoma nuevo o persistente.
6.5 Terapias sistémicas (fármacos)
Órganos y sistemas más afectados
- Piel: erupciones, picor, manchas o cambios en la pigmentación.
- Sistema digestivo: diarrea, dolor abdominal o inflamación del colon (colitis).
- Pulmones: tos persistente o dificultad para respirar por inflamación del tejido pulmonar (neumonitis).
- Hígado: elevación de enzimas hepáticas o inflamación (hepatitis), a veces sin síntomas claros.
- Glándulas endocrinas: alteraciones de tiroides, hipófisis u otras glándulas, que pueden provocar cansancio, cambios de peso, sed excesiva o alteraciones del estado de ánimo.
En casos aislados pueden presentarse alteraciones neurológicas (debilidad, entumecimiento, confusión), reumatológicas (dolor articular o muscular), renales o cardíacas.
- a) Efectos secundarios de las terapias dirigidas
Los tratamientos dirigidos, como sorafenib, lenvatinib, se utilizan de forma habitual en el CHC. Pueden producir una serie de efectos secundarios que en muchas ocasiones son comunes.
Los más frecuentes incluyen:
- Problemas digestivos, como diarrea, náuseas o pérdida de apetito, que a veces pueden llevar a pérdida de peso y cansancio.
- Alteraciones en la piel, entre ellas el síndrome mano-pie, que causa enrojecimiento, dolor o ampollas en las palmas y plantas de los pies.
- Hipertensión arterial, que suele requerir control regular de la tensión y, en algunos casos, medicación específica.
- Cansancio o fatiga persistente, que puede afectar a las actividades diarias.
- En algunos fármacos, pueden aparecer infecciones o cambios en la sangre, como disminución de glóbulos blancos.
- De forma menos frecuente, pueden presentarse erupciones cutáneas, alopecia o sangrados nasales.
En general, muchos de estos efectos secundarios pueden prevenirse o controlarse con medidas sencillas (por ejemplo, cremas para el síndrome mano-pie, fármacos antihipertensivos o suplementos nutricionales). Es fundamental que el paciente informe pronto a su equipo médico ante cualquier síntoma nuevo, ya que a menudo se pueden hacer ajustes en la medicación o añadir tratamientos de apoyo para mejorar la tolerancia.
- b) Efectos secundarios de tratamientos antiangiogénicos: bevacizumab.
El bevacizumab actúa bloqueando la formación de nuevos vasos sanguíneos que alimentan al tumor. Por ello, algunos de sus efectos secundarios están relacionados con la circulación y la cicatrización.
- Hipertensión arterial: es el efecto secundario más frecuente. Por ello, durante el tratamiento se controlará regularmente la presión arterial y, si es necesario, se prescribirá medicación para mantenerla estable.
- Riesgo de sangrado y problemas de cicatrización: dado que interfiere en la formación de vasos, puede aumentar la tendencia a sangrar (por ejemplo, hemorragias nasales leves) o retrasar la cicatrización de heridas. Por dicho motivo, es importante que si va a ser sometido a alguna intervención (incluida las dentales) informe a su oncólogo.
- Problemas digestivos poco frecuentes pero graves: en raras ocasiones, puede provocar la formación de una perforación en el intestino, que se manifiesta con dolor abdominal intenso y requiere atención médica urgente.
- Proteinuria (pérdida de proteínas en la orina): puede detectarse en los análisis de orina; en la mayoría de los casos no produce síntomas, pero en situaciones más graves puede dañar la función renal.
- Trombosis o problemas cardiovasculares (menos comunes): existe un riesgo aumentado de formación de coágulos o eventos como infartos y accidentes cerebrovasculares, sobre todo en personas con antecedentes.
En general, estos efectos se monitorizan con controles periódicos de presión arterial, orina y análisis de sangre, lo que permite detectarlos y tratarlos a tiempo.
- c) Efectos secundarios de la inmunoterapia
Los tratamientos de inmunoterapia, como los inhibidores de puntos de control, funcionan estimulando al sistema inmunitario para que reconozca y ataque al cáncer. Esta activación, aunque beneficiosa frente al tumor, también puede hacer que las defensas ataquen tejidos sanos, lo que da lugar a efectos secundarios conocidos como toxicidades inmunomediadas.
Estos efectos pueden aparecer en cualquier momento: desde las primeras semanas tras iniciar el tratamiento hasta incluso meses después de haberlo finalizado. La mayoría son leves y reversibles si se detectan a tiempo, por lo que es fundamental informar lo antes posible a su médico ante cualquier síntoma nuevo o preocupante.
¿Cómo se manejan los efectos secundarios?
- Los síntomas leves o moderados suelen controlarse con medicación sintomática y sin necesidad de interrumpir el tratamiento.
- En síntomas moderados persistentes o graves, puede ser necesario suspender temporal o definitivamente la inmunoterapia y usar corticoides u otros fármacos inmunosupresores.
- El control precoz es clave: cuanto antes se identifiquen los efectos, más fácil es revertirlos.
Grupos de apoyo
Además del equipo médico que le acompaña durante todo el proceso, existen organizaciones y asociaciones de pacientes que pueden ofrecerle información fiable, apoyo emocional, recursos prácticos y espacios donde compartir experiencias con otras personas en su misma situación.
A continuación, encontrará los datos de contacto de algunas asociaciones que pueden resultarle de utilidad.
SEOM – Sociedad Española de Oncología Médica
Proporciona información fiable y actualizada sobre cáncer, tratamientos y ensayos clínicos. También ofrece recursos educativos para pacientes y cuidadores.
Web: https://seom.org/
Asociación Española Contra el Cáncer (AECC)
Ofrece apoyo psicológico, social y acompañamiento al paciente oncológico y sus familias. Dispone de líneas de ayuda, voluntariado, información contrastada y servicios presenciales en toda España.
Web: Asociación Española Contra el Cáncer
TTD – Grupo Español de Tratamiento de Tumores Digestivos
Grupo multidisciplinar dedicado a la investigación clínica y a la mejora del tratamiento de los tumores digestivos, incluido el cáncer de hígado. Ofrece información sobre ensayos clínicos activos, encuentros formativos y documentación relevante para pacientes y profesionales.
Web: https://www.ttdgroup.org/
ELPA – European Liver Patients Association
Organización europea que reúne asociaciones de pacientes con enfermedades hepáticas. Ofrece información, campañas de concienciación y apoyo internacional.
Web: https://www.elpa.eu/
Glosario
– ABLACIÓN POR MICROONDAS: Forma de ablación térmica del tumor en la que las microondas crean calor para destruir un tumor.
– ABLACIÓN POR RADIOFRECUENCIA: Forma de ablación térmica del tumor en la que una corriente eléctrica de alta frecuencia crea calor para destruir un tumor.
– ABLACIÓN TÉRMICA DEL TUMOR: Procedimiento en el que se usa calor para destruir un tumor.
– AFLATOXINA: Sustancia dañina producida por ciertos tipos de moho que se encuentra con frecuencia en granos y frutos secos mal almacenados.
– ALBI (Albumin–Bilirubin Score): Sistema de puntuación basado en los niveles de albúmina y bilirrubina en sangre, que se utiliza para valorar la función hepática en pacientes con cáncer de hígado. Sirve como alternativa al Child-Pugh y no incluye variables clínicas subjetivas.
– ALFAFETOPROTEÍNA (AFP): Proteína normalmente producida por un feto. Un nivel elevado de AFP puede sugerir la presencia de cáncer de hígado.
– ALOPECIA: Pérdida del cabello.
– ANATOMÍA PATOLÓGICA: Especialidad médica que estudia las muestras de tejidos obtenidas mediante biopsia o cirugía para diagnosticar enfermedades, incluido el cáncer.
– ANGIOSARCOMA: Tipo de cáncer que comienza en las células que revisten los vasos sanguíneos o los vasos linfáticos.
– ANOREXIA: Síntoma frecuente en el cáncer que se caracteriza por la pérdida o disminución del apetito. Puede contribuir a la pérdida de peso y a la desnutrición, afectando la calidad de vida del paciente.
– ASCITIS: Acumulación de líquido en el abdomen, frecuente en pacientes con cirrosis o cáncer de hígado avanzado.
– ASTENIA: Sensación intensa de cansancio o falta de energía.
– ATEZOLIZUMAB: Tipo de inmunoterapia que bloquea una proteína llamada PD-L1 en la superficie de ciertas células inmunitarias (células T); esto activa las células T para encontrar y destruir las células cancerosas. Se administra por perfusión en una vena.
– BARCELONA CLINIC LIVER CANCER (BCLC): Sistema de estadificación del cáncer de hígado que se basa en el número y tamaño de los tumores, la diseminación del cáncer, el estado de salud general y la función hepática.
– BEVACIZUMAB: Tipo de terapia dirigida que bloquea el factor de crecimiento del endotelio vascular, impidiendo que las células cancerosas desarrollen su propio suministro de sangre.
– BILIS: Líquido producido por el hígado y almacenado en la vesícula biliar. Ayuda a digerir las grasas.
– BIOPSIA: Procedimiento médico en el que se toma una muestra de células o tejidos para examinarlos bajo el microscopio.
– CARCINOMA FIBROLAMELAR: Tipo poco común de CHC que suele desarrollarse en adultos jóvenes.
– CARCINOMA HEPATOCELULAR (CHC): Tipo más frecuente de cáncer de hígado, que se desarrolla en los hepatocitos.
– CATÉTER: Tubo flexible usado para administrar líquidos o medicamentos al cuerpo o retirarlos.
– CHILD-PUGH: Sistema de puntuación que evalúa la gravedad de la cirrosis hepática. Se basa en parámetros analíticos (bilirrubina, albúmina, tiempo de protrombina/INR) y clínicos (ascitis, encefalopatía). Se clasifica en grados A, B o C, siendo C el más grave.
– CIRROSIS HEPÁTICA: Enfermedad crónica y progresiva en la que el hígado es sustituido por tejido cicatricial.
– CISPLATINO: Tipo de quimioterapia utilizada en la TACE.
– COLANGIOCARCINOMA: Cáncer que se desarrolla en los conductos biliares.
– COMITÉ MULTIDISCIPLINAR: Grupo de profesionales sanitarios de distintas especialidades que atienden de forma coordinada a un paciente.
– CONDUCTO BILIAR: Tubo que transporta la bilis desde el hígado y la vesícula biliar hasta el intestino delgado.
– CORTICOIDE: Medicamento que reduce inflamación; algunos tienen efecto antitumoral.
– CUIDADOS DE SOPORTE: Medidas dirigidas a mejorar la calidad de vida de los pacientes mediante el control de síntomas, apoyo nutricional, psicológico y social.
– CUIDADOS PALIATIVOS: Atención de pacientes con enfermedad avanzada y progresiva. Se centra en aliviar dolor, síntomas y estrés físico o emocional.
– DIABETES: Afección caracterizada por niveles elevados de glucosa en sangre.
– DIÁLISIS: Procedimiento que filtra la sangre cuando los riñones no funcionan correctamente.
– DISNEA: Sensación de falta de aire o dificultad para respirar.
– DOXORRUBICINA: Fármaco de quimioterapia empleado en la TACE.
– DURVALUMAB: Medicamento de inmunoterapia que bloquea una proteína llamada PD-L1, lo que permite que las células del sistema inmunitario (células T) reconozcan y ataquen a las células cancerosas. Se administra mediante perfusión en una vena.
– ECOGRAFÍA: Prueba de imagen que usa ultrasonidos para crear imágenes del interior del cuerpo.
– ENFERMEDAD HEPÁTICA METABÓLICA: Acumulación de grasa en el hígado que puede progresar a inflamación, cirrosis y cáncer.
– ENSAYO CLÍNICO: Estudio que compara tratamientos para evaluar su seguridad y eficacia.
– ESTADIO TUMORAL: Clasificación que describe la extensión del cáncer en el cuerpo. Se basa en el tamaño del tumor, si se ha extendido a ganglios linfáticos y si existen metástasis en otros órganos. En el cáncer de hígado suele utilizarse el sistema BCLC (Barcelona Clinic Liver Cancer), que combina la extensión del tumor, la función hepática y el estado general del paciente para decidir el tratamiento más adecuado.
– ESTADO FUNCIONAL: Medida de la capacidad del paciente para realizar actividades cotidianas.
– FACTOR DE RIESGO: Cualquier circunstancia que aumenta la probabilidad de padecer una enfermedad.
– FIBROSIS HEPÁTICA: Acumulación de tejido cicatricial en el hígado como consecuencia de daño crónico.
– FUNCIÓN HEPÁTICA: Capacidad del hígado para realizar sus funciones principales, como producir proteínas, metabolizar fármacos, filtrar toxinas de la sangre, producir bilis y regular el metabolismo de grasas, hidratos de carbono y proteínas.
– GANGLIOS LINFÁTICOS: Pequeñas estructuras que filtran sustancias nocivas, bacterias o células tumorales.
– GASTROSCOPIA: Prueba médica en la que se introduce un tubo flexible con una cámara (endoscopio) a través de la boca para examinar el esófago, el estómago y el duodeno. Permite detectar alteraciones, tomar biopsias y tratar algunas lesiones.
– HEPATOBLASTOMA: Tipo de cáncer de hígado que, generalmente aparece en la infancia.
– HEPATITIS: Inflamación del hígado que puede estar causada por infecciones virales, consumo de alcohol, ciertos medicamentos u otras enfermedades.
– HEPATOCITO: Célula principal del hígado.
– HIPERTENSIÓN: Presión arterial elevada.
– HIPERTENSIÓN PORTAL: Aumento de presión en la vena porta, que puede causar varices esofágicas, ascitis y aumento de tamaño del bazo (órgano abdominal).
– ICTERICIA: Color amarillento de piel y ojos, asociado a problemas hepáticos o biliares.
– INJERTO: Órgano, tejido o parte del cuerpo que se trasplanta de un donante a un receptor. En el trasplante hepático, el injerto se refiere al hígado o al fragmento de hígado que se implanta en el paciente receptor.
– IPILIMUMAB: Inmunoterapia que bloquea la proteína CTLA-4 en las células T, estimulando la respuesta del sistema inmunitario contra las células cancerosas. Se administra por perfusión intravenosa.
– INHIBIDOR DE LA TIROSINA QUINASA: Medicamento de terapia dirigida que bloquea enzimas necesarias para el crecimiento celular.
– INMUNOTERAPIA: Tratamiento contra el cáncer que estimula el sistema inmune para reconocer y destruir células tumorales.
– LAPAROSCOPIA: Cirugía mínimamente invasiva mediante un tubo con luz y cámara que se introduce por el abdomen.
– LENVATINIB: Inhibidor de tirosina cinasa utilizado como terapia dirigida en CHC.
– LEUCOPENIA: Disminución de glóbulos blancos, lo que aumenta el riesgo de infecciones.
– MARGEN: Borde del tejido extirpado en cirugía; puede ser negativo (sin tumor) o positivo (con tumor residual).
– MELD (Model for End-Stage Liver Disease): Escala que predice la supervivencia de pacientes con enfermedad hepática avanzada. Utiliza parámetros de laboratorio (bilirrubina, INR y creatinina) y se emplea especialmente para priorizar a los pacientes en la lista de espera de trasplante hepático.
– METÁSTASIS: Diseminación de las células cancerosas desde el lugar donde se originaron hacia otras partes del cuerpo, formando nuevas lesiones.
– MUCOSITIS: inflamación de la mucosa oral que en ocasiones puede dificultar la ingesta de alimentos
– NECROSIS TUMORAL: Muerte de células tumorales, de forma natural o inducida por tratamientos.
– NEUTRÓFILO: Tipo de glóbulo blanco esencial en la defensa contra infecciones.
– NIVOLUMAB: Inmunoterapia que bloquea PD-1, activando el sistema inmunitario contra el tumor.
– NUTRICIONISTA: Profesional de la salud especializado en nutrición.
– PET-TAC (TOMOGRAFÍA POR EMISIÓN DE POSITRONES COMBINADA CON TAC)
Exploración que combina una PET, que detecta la actividad metabólica de las células, con una TAC, que proporciona imágenes anatómicas precisas. Permite identificar la presencia de metástasis y valorar la extensión de la enfermedad.
– PRONÓSTICO: Evolución probable de una enfermedad.
– PRUEBAS DE IMAGEN: Exámenes médicos (ecografía, TC, RMN, PET) que permiten diagnosticar y seguir la evolución de una enfermedad.
– PRURITO: Picor en la piel.
– QUIMIOEMBOLIZACIÓN TRANSARTERIAL (TACE): Procedimiento que combina quimioterapia e interrupción del flujo sanguíneo hacia el tumor.
– QUIMIOTERAPIA: Tratamiento con medicamentos que destruyen células cancerosas o impiden su reproducción.
– RADIOGRAFÍA: Prueba que usa rayos X para obtener imágenes internas del cuerpo.
– RADIOTERAPIA: Tratamiento que usa radiación de alta energía para destruir células cancerosas.
– RADIOTERAPIA CORPORAL ESTEREOTÁCTICA (SBRT): Radioterapia externa de alta precisión que administra altas dosis en pocas sesiones.
– RADIOTERAPIA INTERNA SELECTIVA (TARE): Radioterapia interna que introduce microesferas radioactivas en los vasos que nutren el hígado.
– RECAÍDA / RECIDIVA: Reaparición de un cáncer después de haber realizado un tratamiento con intención curativa.
– RESECCIÓN: Cirugía para extirpar parte o la totalidad de un órgano o tumor.
– RESONANCIA MAGNÉTICA (RNM): Prueba de imagen que utiliza potentes campos magnéticos y ondas de radio para producir imágenes detalladas del interior del cuerpo. Es especialmente útil en la evaluación de los tumores hepáticos y su extensión.
– SÍNDROME MANO-PIE O ERITRODISESTESIA PALMOPLANTAR: Enrojecimiento, dolor y ampollas en manos o pies, como efecto secundario de algunos tratamientos.
– SÍNDROME METABÓLICO: Conjunto de factores de riesgo que suelen presentarse juntos, como obesidad abdominal, hipertensión, niveles elevados de glucosa en sangre y alteraciones en los lípidos, y que aumentan la probabilidad de desarrollar enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y enfermedad hepática grasa.
– SÍNTOMAS CONSTITUCIONALES: Síntomas generales como pérdida de peso, cansancio o fiebre, comunes en muchos cánceres.
– SORAFENIB: Inhibidor de tirosina quinasa empleado como terapia dirigida en CHC.
– TOMOGRAFÍA COMPUTARIZADA (TC): Exploración que usa rayos X y ordenador para obtener imágenes detalladas del cuerpo.
– TRANSFUSIÓN DE SANGRE: Administración de sangre o componentes sanguíneos a través de una vena.
– TRATAMIENTO ANTIHIPERTENSOR: Medicamento que se usa para controlar la presión arterial elevada.
– TRATAMIENTO CURATIVO: Tratamiento cuyo objetivo es eliminar la enfermedad.
– TRATAMIENTO INMUNOSUPRESOR: Conjunto de medicamentos administrados para reducir o bloquear la actividad del sistema inmunitario. Se utilizan después de un trasplante hepático para evitar que el organismo rechace el nuevo órgano.
– TRATAMIENTO DE PRIMERA LÍNEA: Primer tratamiento ofrecido a un paciente para una enfermedad.
– TRATAMIENTO DE SEGUNDA LÍNEA: Tratamiento administrado cuando falla o deja de tolerarse el inicial.
– TRATAMIENTO SISTÉMICO: Tipo de tratamiento que actúa en todo el cuerpo, no solo en el tumor localizado. Incluye medicamentos como la quimioterapia, las terapias dirigidas y la inmunoterapia, que viajan por la sangre y alcanzan tanto el tumor como posibles células cancerosas diseminadas.
– TRASPLANTE HEPÁTICO: Cirugía en la que se sustituye el hígado enfermo por un hígado sano procedente de un donante.
– TREMELIMUMAB: Medicamento de inmunoterapia que bloquea la proteína CTLA-4 en las células T, favoreciendo así una respuesta inmunitaria más intensa contra el cáncer. Se administra mediante perfusión intravenosa.
– TUMOR: Crecimiento anormal de células, benigno o maligno.
– VARICES ESOFÁGICAS: Venas dilatadas en el esófago como consecuencia de la hipertensión portal. Pueden sangrar y ser graves.
– VENA PORTA: Vaso sanguíneo que lleva sangre desde los intestinos y otros órganos hacia el hígado.
– VESÍCULA BILIAR: Órgano bajo el hígado que almacena bilis.
– VIRUS DE LA HEPATITIS B (VHB): Virus que causa inflamación del hígado y puede derivar en cirrosis o cáncer.
-VIRUS DE LA HEPATITIS C (VHC): Virus que provoca inflamación crónica del hígado, con riesgo de cirrosis y cáncer.
Referencias:
1.- Sangro B, Reig M, Varela M, Forner A, Llovet JM, Colom H, et al. Evolving epidemiology of hepatocellular carcinoma in Spain: Results from the third national registry (2022–2023). JHEP Reports. 2025;7(3):100918. doi:10.1016/j.jhepr.2025.100918.
2.-Reig M, Forner A, Rimola J, Ferrer-Fabrega J, Burrel M, Garcia-Criado A, et al. BCLC strategy for prognosis prediction and treatment recommendation: The 2022 update. J Hepatol. 2022;76(3):681-693. doi:10.1016/j.jhep.2021.11.018
3.- National Comprehensive Cancer Network (NCCN). NCCN Clinical Practice Guidelines in Oncology (NCCN Guidelines®): Hepatocellular Carcinoma. Version 1.2025. March 20, 2025.
4.- Vogel A, Chan SL, Dawson LA, Kelley RK, Llovet JM, Meyer T, Ricke J, Rimassa L, Sapisochin G, Vilgrain V, Zucman-Rossi J, Ducreux M; ESMO Guidelines Committee. Hepatocellular carcinoma: ESMO Clinical Practice Guideline for diagnosis, treatment and follow-up. Ann Oncol. 2025;36(5):489-506. doi:10.1016/j.annonc.2025.02.006
5.- López López C, Calvo M, Cámara JC, García-Paredes B, Gómez-Martin C, López AM, Pazo-Cid R, Sastre J, Yaya R, Feliu J. SEOM-GEMCAD-TTD clinical guidelines for the management of hepatocarcinoma patients (2023). Clin Transl Oncol. 2024. doi:10.1007/s12094-024-03568-4
- Autores:
Dra. Carmen Blanco del Hospital Comarcal Alcañiz. Teruel.
Dra. Natalia Luque del Hospital Universitario Virgen de las Nieves. Granada.
- Colaboradores:
Dr. Carlos López López del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla. Santander.