¿Qué es el cáncer esofagogástrico?
Los tumores esófago-gástricos incluyen los cánceres que se originan en el esófago, en el estómago o en la zona donde ambos órganos se unen, conocida como unión esófago-gástrica. Estas estructuras forman parte del aparato digestivo superior y desempeñan un papel esencial en el proceso de alimentación y digestión.
El esófago es un conducto muscular cuya función es transportar los alimentos desde la boca hasta el estómago mediante movimientos coordinados. El estómago, situado en la parte superior del abdomen, actúa como reservorio y como órgano digestivo, mezclando los alimentos con los jugos gástricos y facilitando su transformación antes de pasar al intestino.
El cáncer aparece cuando algunas células del revestimiento interno de estos órganos sufren alteraciones y comienzan a multiplicarse de forma descontrolada, dando lugar a un tumor. En fases iniciales, la enfermedad puede estar limitada a las capas superficiales; sin embargo, con su progresión puede infiltrar capas más profundas, afectar a los ganglios linfáticos y, en estadios avanzados, diseminarse a otros órganos.
En el esófago, los tipos más frecuentes son el carcinoma epidermoide, habitual en los tramos medio y superior, y el adenocarcinoma, más común en la zona inferior y en la unión con el estómago. En el estómago, el tipo predominante es el adenocarcinoma gástrico. Existen otros tumores menos habituales, como linfomas o tumores del estroma gastrointestinal, que representan un pequeño porcentaje de los casos.
Además del propio tumor, estas enfermedades pueden afectar de forma significativa a la alimentación y al estado nutricional, aspectos fundamentales que deben tenerse en cuenta durante todo el proceso diagnóstico y terapéutico.
Epidemiología
El cáncer gástrico continúa siendo uno de los tumores digestivos más relevantes a nivel mundial. Su incidencia presenta una marcada variabilidad geográfica, con tasas más elevadas en algunas regiones de Asia oriental, Europa del Este y América Latina. En los países occidentales, su frecuencia ha disminuido progresivamente en las últimas décadas, aunque sigue representando un problema sanitario importante.
El cáncer de esófago es menos frecuente que el gástrico, pero tiene un impacto clínico considerable. En los últimos años se han observado cambios en su distribución, con un aumento del adenocarcinoma del esófago distal y de la unión esófago-gástrica en determinados países.
Ambos tumores afectan principalmente a personas mayores de 55–60 años y son más comunes en hombres que en mujeres. Las diferencias observadas según edad, sexo y región geográfica se relacionan con factores ambientales, hábitos de vida, dieta, obesidad y prevalencia de determinadas enfermedades digestivas.
Factores de riesgo y prevención
Los factores de riesgo ayudan a identificar situaciones en las que la probabilidad de desarrollar un tumor esófago-gástrico es mayor, aunque su presencia no implica necesariamente la aparición de la enfermedad.
En el cáncer de estómago destacan la infección por Helicobacter pylori, la gastritis crónica, el consumo elevado de sal y alimentos procesados, el tabaquismo y una dieta pobre en frutas y verduras. También pueden influir antecedentes personales y familiares.
En el cáncer de esófago, el riesgo varía según el subtipo. El carcinoma epidermoide se asocia principalmente al consumo de tabaco y alcohol. El adenocarcinoma se relaciona con el reflujo gastroesofágico crónico, la obesidad —especialmente abdominal— y el esófago de Barrett, una alteración del revestimiento del esófago que requiere seguimiento especializado.
Existen situaciones hereditarias poco frecuentes, como determinados síndromes familiares, que aumentan el riesgo de cáncer gástrico y pueden justificar un control específico y asesoramiento genético.
Las medidas de prevención primaria incluyen mantener una alimentación equilibrada, rica en frutas y verduras, reducir el consumo de sal y alimentos ultraprocesados, evitar el tabaco, moderar el alcohol y mantener un peso adecuado. La detección y tratamiento de Helicobacter pylori puede disminuir el riesgo de cáncer gástrico en determinados grupos de población.
En España no existe un programa de cribado poblacional general para estos tumores. El cribado tiene como objetivo detectar lesiones precoces antes de que aparezcan síntomas y se reserva a personas con mayor riesgo. La endoscopia digestiva alta es la principal prueba utilizada. La edad de inicio y la periodicidad del seguimiento deben individualizarse según las características de cada paciente.
Diagnóstico y estadificación
Los síntomas de los tumores esófago-gástricos pueden ser poco específicos y desarrollarse de forma progresiva. Entre los más habituales se encuentran la dificultad para tragar, sensación de alimento retenido, pérdida de peso involuntaria, falta de apetito, dolor abdominal, digestiones pesadas, náuseas, vómitos o anemia, que puede manifestarse como cansancio o debilidad.
La prueba fundamental para el diagnóstico es la endoscopia digestiva alta, que permite observar directamente el interior del esófago y del estómago y obtener biopsias para confirmar el diagnóstico.
Una vez identificada la enfermedad, se realizan pruebas de imagen para evaluar su extensión, como tomografía computarizada, ecografía endoscópica y, en casos seleccionados, otras técnicas complementarias.
La estadificación se basa en criterios internacionales que valoran la profundidad del tumor, la afectación de ganglios linfáticos y la presencia de metástasis. Esta información es esencial para estimar el pronóstico y planificar el tratamiento.
Una correcta estadificación permite definir la estrategia terapéutica más adecuada en cada situación y seleccionar el abordaje más apropiado para cada paciente.
Tratamiento
El tratamiento de los tumores esófago-gástricos debe planificarse de manera individualizada, teniendo en cuenta múltiples factores entre los que destacan el estado general del paciente, la edad, las enfermedades asociadas, el estado nutricional, la estadificación de la enfermedad y las características moleculares del tumor. El abordaje multidisciplinar es esencial en el manejo de estas neoplasias. Los casos se valoran de manera conjunta por un equipo formado por oncólogos médicos, cirujanos, oncólogos radioterapeutas, gastroenterólogos, radiólogos, patólogos, nutricionistas y otros especialistas, lo que permite definir la mejor estrategia terapéutica para cada paciente y mejorar los resultados.
La valoración y el soporte nutricional son componentes críticos del tratamiento. Los pacientes con tumores esófago-gástricos tienen un alto riesgo de desnutrición debido a la dificultad para tragar, otros síntomas producidos por el tumor y la toxicidad de los distintos tratamientos. El soporte nutricional adecuado, mediante asesoramiento dietético, suplementos o, cuando es necesario, nutrición enteral o intravenosa, contribuye a mejorar la tolerancia al tratamiento y la eficacia terapéutica. En pacientes mayores de 70 años, se considera fundamental realizar una valoración geriátrica integral para detectar situaciones de fragilidad y ajustar las estrategias terapéuticas.
Las principales modalidades terapéuticas incluyen procedimientos endoscópicos, cirugía, quimioterapia, radioterapia e inmunoterapia y terapias dirigidas, que pueden emplearse de forma aislada o combinada según el estadio de la enfermedad. Los objetivos del tratamiento varían según el estadio de la enfermedad. En estadios tempranos y algunos tumores localmente avanzados, el objetivo es curativo. En la enfermedad metastásica, el tratamiento tiene un objetivo generalmente paliativo, centrado en controlar la enfermedad, aliviar los síntomas y mantener la mejor calidad de vida posible.
En el carcinoma epidermoide de esófago, los estadios muy iniciales, limitados a las capas superficiales (T1a), pueden tratarse mediante técnicas endoscópicas. En tumores localizados más avanzados (T1b–T2 sin afectación ganglionar), la cirugía (esofaguectomía) es el tratamiento estándar. En la enfermedad localmente avanzada (T3–T4 y/o ganglios positivos), se recomienda quimiorradioterapia neoadyuvante, ya que mejora la supervivencia. Los tumores no resecables o pacientes no candidatos a cirugía pueden recibir quimiorradioterapia definitiva. En la enfermedad metastásica, el tratamiento se basa en quimioterapia combinada con inmunoterapia en pacientes con expresión positiva de PD-L1, biomarcador que debe evaluarse previamente para seleccionar la terapia más adecuada.
En el adenocarcinoma esofagogástrico, los estadios muy iniciales (T1a) pueden tratarse mediante procedimientos endoscópicos mínimamente invasivos, mientras que en los tumores T1b–T2 sin afectación ganglionar la cirugía (gastrectomía con linfadenectomía) es el tratamiento estándar. En la enfermedad localmente avanzada (T3–T4 y/o ganglios positivos), se recomienda quimioterapia perioperatoria con el esquema FLOT, habiéndose demostrado recientemente que la adición de inmunoterapia mejora los resultados. En la enfermedad metastásica, el tratamiento se basa en quimioterapia combinada con terapias dirigidas según biomarcadores. Se recomienda analizar HER2, PD-L1, inestabilidad de microsatélites y claudina 18.2, ya que permiten seleccionar tratamientos dirigidos e inmunoterapia en pacientes candidatos.
Además del tratamiento oncológico, en la enfermedad avanzada es esencial el control simultáneo de síntomas como dolor, dificultad para tragar, náuseas o pérdida de peso. Estos cuidados paliativos o de soporte mejoran la calidad de vida, facilitan la tolerancia a los tratamientos y, si se inician precozmente, pueden incluso prolongar la supervivencia.
Pronóstico y Seguimiento
El pronóstico de los pacientes con tumores esófago-gástricos depende fundamentalmente del estadio de la enfermedad al diagnóstico, así como de las características biológicas del tumor y de la respuesta al tratamiento. En tumores diagnosticados en estadio temprano, la supervivencia a cinco años puede alcanzar el 70-75%, mientras que en aquellos con enfermedad metastásica es inferior al 10%. Por este motivo, el diagnóstico precoz y una adecuada estadificación son determinantes en la evolución de la enfermedad.
Tras finalizar el tratamiento en los tumores resecables, el seguimiento médico es fundamental. Sus objetivos son detectar de forma temprana una posible recaída, controlar los efectos secundarios tardíos del tratamiento, vigilar la aparición de segundas neoplasias y atender las necesidades nutricionales y funcionales del paciente. El seguimiento se individualiza según cada caso, pero suele ser más estrecho durante los primeros años, periodo en el que el riesgo de recaída es mayor. Habitualmente se recomienda realizar consultas médicas cada 3-6 meses durante los primeros tres años y cada 6-12 meses hasta los cinco años, complementadas con análisis de laboratorio (hemograma, bioquímica, hierro y vitamina B12), estudios de imagen como la tomografía computarizada (TC) cada seis meses los primeros tres años y posteriormente anualmente, y endoscopias según el tratamiento recibido o la aparición de síntomas. En pacientes sometidos a cirugía digestiva, el control nutricional resulta especialmente importante por la posible aparición de déficits vitamínicos y minerales.
En pacientes con enfermedad avanzada en tratamiento oncológico, se recomienda evaluar su eficacia mediante TC cada 6-12 semanas para ajustar las estrategias terapéuticas de forma oportuna.
Investigación y ensayos clínicos
La investigación en cáncer esófago-gástrico avanza de manera constante con el objetivo de desarrollar tratamientos más eficaces y personalizados. Actualmente, los estudios genéticos avanzados, como la secuenciación de nueva generación (NGS), pueden realizarse tanto en el tejido tumoral como en una muestra de sangre (biopsia líquida). Estos análisis permiten identificar nuevas dianas terapéuticas específicas, lo que aumenta la probabilidad de beneficio con fármacos dirigidos y facilita un abordaje terapéutico cada vez más individualizado.
Los ensayos clínicos son estudios de investigación cuidadosamente controlados que evalúan nuevos fármacos o nuevas combinaciones de tratamientos. La participación es siempre voluntaria y se realiza bajo estrictos criterios de seguridad. Para algunos pacientes, los ensayos clínicos pueden representar una oportunidad de acceder a tratamientos innovadores antes de su disponibilidad general. El equipo médico puede informar sobre esta opción y valorar su idoneidad en cada situación.
Recursos y apoyo al paciente
Existen numerosos recursos que ofrecen información fiable y apoyo a las personas con tumores esófago-gástricos y a sus familias. Las asociaciones de pacientes, grupos cooperativos y sociedades científicas desarrollan materiales informativos actualizados y proporcionan apoyo psicológico, orientación social y acompañamiento durante todo el proceso de la enfermedad.
Es importante que la información consultada proceda de fuentes contrastadas y actualizadas. Ante cualquier duda, el equipo sanitario debe ser siempre la referencia principal para resolver preguntas y orientar sobre los recursos más adecuados para cada situación
Referencias
- Autores:
Dra. Ana Belén Custodio Carratero del Hospital Universitario La Paz. Madrid.
Dra. Nieves Martínez Lago del Hospital Clínico Universitario de Santiago. La Coruña.
- Colaboradores:
Dra. Ana Fernández Montes del Hospital Universitario de Ourense. Orense.
Dra. Tatiana Fleitas Kanonnikoff del Hospital Clínico de Valencia. Valencia.